La escuela tradicional congela el potencial sígnico del estudiante, no le permite interpretar, otro interpreta por él; no le facilita crear, le impone creaciones; no lo deja escribir, le asigna, controla y evalúa textos distantes e inadecuados para sus intereses. Tal escuela no puede formar individuos creativos. Vale la pena mencionar un área del conocimiento muy significativa en toda la historia de la educación y de la cultura (la lecto-escritura) como materia esencial, según los actuales paradigmas educativos. Los eventos de formación permanente tanto de los maestros como de los niños y jóvenes están llamados a desmitificar la investigación, a superar la etapa de leedores para convertirse en lectores que superen la inmediatez del hombre moderno, de lo cual se quejaba Nietzsche al reclamar un lector para sus obras que rumie, luche, cree, confronte y se asombre. |